Ocho libros para acercarse a la España vacía (o vaciada)

Aunque el problema viene de lejos, tanto que casi se hunde en la historia, la despoblación de buena parte del interior de España se ha convertido en prioritario de unos años a esta parte. A la España despoblada se la llama ahora España vacía o España vaciada, en función de si se quiere utilizar la forma descriptiva del ensayo o la forma interpretativa de la agenda política y mediática. Los medios hablan de ella con frecuencia, se constituyen asociaciones, se organizan marchas; el nuevo gobierno incluso ha constituido una vicepresidencia de «reto demográfico».

Antes se llamaba España profunda o España negra. Decir España vacía conlleva una mirada más limpia, pero es siempre eso, una mirada, de la ciudad –de la civitas– hacia al campo. Como dice Sergio del Molino, esa España vacía siempre ha sido relatada y lo que necesita es relatarse a sí misma, pues de este modo seguirá siendo «el espacio vacío entre una ciudad y la siguiente».

Para empezar a entenderla, recurramos, como siempre, a los libros. A los –pocos– ensayos y a la –mucha– literatura sobre la cuestión. Podríamos retrotraernos a Cervantes, pero empezaremos más cerca, con Galdós, que está de centenario; pasaremos por Cela y Ramón J. Sénder y terminaremos con varios libros publicados hace muy poco. Sin más dilación, estos son nuestros ocho libros para entender la España vacía (o vaciada).

Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós

En la época de Galdós la España vacía se llamaba la España profunda, y su atraso ya era un motivo de preocupación para los intelectuales de la ciudad. Como gran admirador de Shakespeare que era, Galdós utilizó el dilema de Romeo y Julieta para la ilustrar precisamente ese choque entre la España moderna de la ciudad y los negocios, simbolizada por el personaje del ingeniero Pepe Rey, y la España del atraso, la de la iglesia y el puchero, personificada en el genial y terrible personaje de Doña Perfecta.

¿Y qué le parece al señor don José nuestra querida ciudad de Orbajosa? —preguntó el canónigo, cerrando fuertemente el ojo izquierdo, según su costumbre mientras fumaba.
—Todavía no he podido formar idea de este pueblo —dijo Pepe—. Por lo poco que he visto, me parece que no le vendrían mal a Orbajosa media docena de grandes capitales dispuestos a emplearse aquí, un par de cabezas inteligentes que dirigieran la renovación de este país, y algunos miles de manos activas. Desde la entrada del pueblo hasta la puerta de esta casa he visto más de cien mendigos. La mayor parte son hombres sanos y aun robustos. Es un ejército lastimoso cuya vista oprime el corazón.
—Para eso está la caridad —afirmó don Inocencio—.

La crítica siempre ha considerado Doña Perfecta como una de las mejores novelas de Galdós, y a los dos protagonistas entre sus personajes más redondos.

Está disponible en la colección Letras Hispánicas de Cátedra, en edición de Ignacio Javier López, catedrático especialista en la literatura del XIX y actual director del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Pensilvania.

El viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela

En la propia introducción a El viaje a la Alcarria, Camilo José Cela se mostraba sorprendido de que un libro tan sencillo y tan llano, ambientado en «una comarca reseca y gris de la áspera Castilla», hubiera despertado el interés de tantos editores, y fuera, con tanta rapidez, publicado en la prestigiosa colección Austral de Espasa Calpe.

Debía ser una mera exageración o un prurito de escritor, pues basta leer unas pocas líneas para admirarse de la calidad estilística de este libro que es sencillo, sí, pero exquisito:

Camino del matadero pasan unas ovejas calvas, mugrientas, que llevan una B pintada en rojo sobre el lomo. Los dos hombres que las conducen les pegan bastonazos, de cuando en cuando, por entretenerse quizás, mientras ellas, con un gesto en la mirada entre ruin y estúpido, se obstinan en lamer, de pasada, el sucio, estéril asfalto.

Si la España vacía tuviera capital, estaría en la Alcarria, una comarca tan cercana a Madrid que parece imposible encontrarla tan despoblada. La España vacía empieza de forma súbita y parece realmente otro mundo. Cela la describe en plena posguerra, en un precioso librito de viajes escrito en tercera persona y para el que, como le ocurre a la buena literatura, no han pasado los años.

Viaje a la Alcarria

Viaje a la AlcarriaCamilo José CelaTapa blanda. 304 páginas. Austral.Comprar

Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

Publicada en 1953, en México, porque en España no pasó la censura, el Réquiem es una de las novelas más estudiadas de la literatura española del siglo XX. Extremadamente breve, aunque amplia en su contenido, cuenta la historia de un campesino español llamado Paco el del Molino. La cuenta un párroco rural, Mosén Millán, mientras espera en la sacristía a que llegue la familia de Paco, por el que ha de pronunciar una misa de réquiem.

El cura esperaba sentado en un sillón con la cabeza inclinada sobre la casulla de los oficios de réquiem. La sacristía olía a incienso. En un rincón había un fajo de ramitas de olivo de las que habían sobrado el Domingo de Ramos. Las hojas estaban muy secas, y parecían de metal. Al pasar cerca, mosén Millán evitaba rozarlas porque se desprendían y caían al suelo.

Fernando Savater la considera una «de las rarísimas piezas perfectas de la narrativa española moderna». Y además de ser una excelente muestra de literatura, el Réquiem de Sender es un acertadísimo retrato de la España rural de la posguerra, de la situación miserable de la gente del campo, y una dura crítica a la España de Franco.

Réquiem por un campesino español: 2

Réquiem por un campesino español: 2Ramón J. SenderLibro de bolsillo. 160 páginas. Austral .Comprar

El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes

El encuentro de las dos mentalidades, la urbana y la rural, constituye también el tema principal de esta pequeña obra de Miguel Delibes, que es además una ácida crítica a la política contemporánea.

Un trío de militantes de un partido de izquierda se desplaza a un pueblo semi-abandonado del Alto Ebro, donde sólo viven ya tres personas. Una de ellas, el señor Cayo que da nombre al libro, le sirve al autor para ilustrar el tremendo abismo que se abre entre las dos formas de ver el mundo, el muro que separa el campo de la ciudad, los valores y la sabiduría que está a punto de perder la España que se cree más culta y moderna.

Cayo era un prototipo de ese campesino. Conocía casi todo acerca de los árboles, de los animales o de las diversas cualidades de las plantas. Lleno de orgullo y altivez por su tierra y la de sus antepasados: no en vano fue el último habitante de su pueblo. Cayo se negaba obstinadamente a abandonar esa tierra dura, pensando que un pueblo de hidalgos con más de mil años de historia no podía desaparecer

Delibes fue un autor prolífico de nuestras letras y esta obra suya es una muy buena puerta de entrada a su literatura. Resulta más fácil que Cinco horas con Mario y es mucho más corta que El hereje, y condensa con maestría los principales problemas de la España rural.

El disputado voto del señor Cayo

El disputado voto del señor CayoMiguel DelibesTapa blanda. 192 páginas. Austral.Comprar

La lluvia amarilla, de Julio Llamazares

Julio Llamazares inventó un pueblo del Pirineo oscense, llamado Ainelle, para poner en boca de su último habitante, Andrés de Casa Sosas, un bellísimo monólogo poético, cargado de amor por lo que fue y de llanto por lo que se perdió, que se hace símbolo en el otoño, en el amarillo del título.

Antes, cuando aún estaban Julio y su familia (y, antes aún, cuando Tomás todavía no había muerto y sostenía tenazmente en solitario la vieja casa y la memoria de Gavín), nos reuníamos todos en una de las casas, junto a la chimenea, y, allí, durante largas horas, mientras la nieve y la ventisca gemían en lo alto del tejado, pasábamos las noches del invierno contándonos historias y recordando personas y sucesos, casi siempre de otro tiempo.

Aunque es cierto, como han sostenido algunos críticos, que una persona como Andrés de Casa Sosas pudiera llegar a expresarse en el registro poético que utiliza la novela, Llamazares es de los pocos que ha intentado levantar un relato de la España vacía contado por uno de sus miembros, y no por un turista o un visitante de la ciudad.

La lluvia amarilla

La lluvia amarillaJulio LlamazaresTapa blanda. 200 páginas. Cátedra.Comprar

La España Vacía, de Sergio del Molino

No podemos olvidarnos de La España Vacía, el ensayo de Sergio del Molino que no sólo acuñó este término con éxito sino que consiguió poner, en el centro del mapa político, el problema de la despoblación en el interior de España.

No hay duda de que es una lectura recomendable, casi diríamos que obligatoria, pera cualquier interesado, pero conviene saber de qué libro se trata. Del Molino no escribió un ensayo clásico ni un libro de divulgación centrado en la demografía. Quedará decepcionado quien busque aquí teorías sociológicas o económicas sobre el éxodo rural, o análisis políticos sobre sus consecuencias. La España Vacía es un libro de viajes, de tono periodístico, repleto de referencias culturales y literarias. Habla, de forma muy personal, sobre los mitos creados en torno al campo y a su gente y sobre la relación entre campo y ciudad, y hace un repaso, completo y sugerente, a la visión que la España urbana ha tenido de la España vacía.

A la España vacía le falta un relato en el que reconocerse. Las historias que la cuentan complacen a quienes no viven en ella y halagan dos clases de prejuicios: los de la España negra y los del beatus ille. Los primeros se difunden por el telediario. Los segundos, en la guía Michelin. Infierno o paraíso. No hay término medio. O los asesinos o los monjes. Aunque, según la habilidad del guionista, pueden ser monjes y asesinos a la vez.

Por sus páginas circulan, sin solución de continuidad, los carlistas, Cervantes, las misiones pedagógicas, Unamuno, Extremoduro y Luis Buñuel, pero de lo que más se ocupa es de la literatura de la España vacía, del Quijote a autores actuales como Martín Santos y Julio Llamazares.

Pero el libro, subtitulado Viaje a un país que nunca fue, no es una simple carta de relación. Del Molino desmitifica algunas de las obras que, de una forma más resonante, han fijado la idea del atraso atávico del campo español, como la cinta de Buñuel Las Hurdes, y más que hacer un intento por cerrar el debate o fijar una tesis, lo que hace es poner bajo la luz una realidad preocupante y abrir un canal de comunicación entre el campo y la ciudad, entre sus gentes, sin mitos ni prejuicios.

La España vacía: Viaje por un país que nunca fue

La España vacía: Viaje por un país que nunca fueSergio del MolinoTapa blanda. 292 páginas. Turner.Comprar

El viento derruido, de Alejandro López Andrada

De todos los libros de la España vacía aquí compilados, este es de los pocos que ha sido escrito por un habitante de la misma. Natural de Villanueva del Duque, en el cordobés Valle de los Pedroches, El viento derruido es una curiosa mezcla de géneros (ensayo, novela, poesía) que cantan a la pérdida de la España rural, devastada, junto a la memoria de los que la habitaron.

La memoria de un pueblo no reside en su materia: en la cal y en las piedras de sus casas y edificios, sino, más bien, en los hechos y las palabras, en el alma de las personas que lo habitan, incluso en aquéllas que en otro tiempo lo habitaron y, a pesar de estar lejos de él, aún lo recuerdan de una manera auténtica y profunda.

Alabada por dos notables representantes de la España vacía, Antonio Muñoz Molina y Julio Llamazares, El viento derruido es un libro maravilloso, y una de las más recientes evocaciones de esa «España rural que se desvanece», como reza su subtítulo.

Viento Derruido, El

El viento derruidoAlejandro López AndradaTapa blanda. 312 páginas. Almuzara.Comprar

Los últimos, de Paco Cerdá

Paco Cerdá quería hacer un breve reportaje para su periódico, el «Levante-EMV». La idea era retratar un pueblo de la llamada Celtiberia, una zona entre Teruel y Zaragoza, Cuenca y Guadalajara, Soria y Segovia, La Rioja y la Comunidad Valenciana. Pero cuando llegó a su destino vio que allí había mucho más. Mucho que contar. Muchas paradojas.

Nunca la fascinación romántica por el tempus fugit de un pueblo, jamás la decadencia con rastro de muerte civilizatoria debería —por muchas teorías sobre lo bello y lo sublime— conmover nuestro espíritu con fruición y deleite. Uno no debería. Y sin embargo resulta imposible detraerse a la contemplación de esta cruda belleza.

En Celtiberia hay una una densidad demográfica que, en Europa, sólo tiene parangón con Laponia: ocho habitantes por kilómetro cuadrado. Un desastre, una nada demográfica con terribles consecuencias a nivel práctico pero también patrimonial e identitario. Los últimos lleva por subtítulo Voces de la Laponia española y es un libro que viene abalado por Julio Llamazares: «Los últimos es un viaje al corazón de las tinieblas, solo que a las tinieblas del corazón de España»

Los últimos: Voces de la Laponia española

Los últimos: Voces de la Laponia españolaPaco Cerdà ArroyoTapa blanda. 176 páginas. Pepitas de calabaza.Comprar

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